Demasiado humano para ser normal
Hay algo profundamente triste en la forma en que la sociedad trata la diferencia. Vivimos en un sistema que, más que comprender la diversidad humana, intenta reducirla a moldes rígidos. Y cuando alguien no encaja, en lugar de preguntarnos si el molde es demasiado estrecho, preferimos etiquetar a la persona: “ neuro-atípico ”, “ diferente ”, “ problemático ”, “ con dificultades ”. Como si el problema estuviera siempre en el individuo, y nunca en el sistema. Sin embargo, basta observar con un poco de honestidad para darse cuenta de una evidencia simple: no existen dos seres humanos iguales. Cada persona tiene su propio ritmo, su manera de aprender, de sentir, de relacionarse con el mundo. Algunos destacan en lo académico, otros en lo creativo, otros en lo emocional o lo práctico. La diversidad no es una anomalía: es la norma. Esta tensión se hace especialmente visible en la escuela. Los niños empiezan su recorrido con curiosidad, entusiasmo, ganas de descubrir. Pero, año tras año,...